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Mi HéroeMi héroe Por: Alejandro Ortiz Martínez Edupax@hotmail.com
Esto que te platico sucedió hace ya un buen tiempo, era mi primer año de escuela y mi padre me recibía al salir, recuerdo que me sentía parte de la fortaleza y majestuosidad de aquel gran amigo cuando de la mano me llevaba y mis manitas se podían perder entre aquellas manazas poderosas que me conducían por camino seguro.
En una de esas ocasiones le pregunté “si era difícil vivir como persona grande”, me contestó que a él sí se le hacía difícil; - talvez, si hubiera yo ido a la escuela – agregó - otra cosa sería… “por eso, yo no quiero que las dificultades se atraviesen en tu camino, presta atención al estudio, esmérate mas en la escuela, yo te ayudo con lo mejor de mí que es mi tiempo” – me dijo -. De esto ya pasaron muchos años, ya mi viejo se ha ido y tal parece que donde quiera que esté todavía me cuida porque sus palabras aún retumban en mis adentros a grado tal que en este tiempo yo se las dedico a mis hijos…
Ahora le comprendo cuando con tristeza veía mi dificultad para aprender y con tanta paciencia me regalaba ese tiempo que hoy extraño, tiempo de consejos, de juegos, de sueños, fantasías, tiempo en que él podría enfrentar al dragón de los cuentos y vencerlo en una feroz lucha de titanes. Porque desde mi corta edad y mi pequeña estatura él era un gigante y ese gigante era mi padre, mi amigo, mi héroe; Yo me sentía protegido, me pasaba las horas escuchando sus cuentos que hoy sé eran todos inventados, sí, hoy me doy cuenta porque incluso, cuando le pedía que me los volviera a contar algunos detalles cambiaron, bueno, lo importante era la magia de su hablar que me envolvía y me llevaba por las rutas de la fantasía, tan placenteras, tan de familia en armonía.
Le vi. por última vez casi a finales de una primavera , no recuerdo eso bien ni quiero, pero, ¡ah! cuanta falta me hacía mi héroe y, que pronto ha transcurrido tanto tiempo, ese tiempo de niños tan breve, mis hijos van creciendo y, también voy por ellos a la escuela cada vez que el trabajo me lo permite, les invento mis propios cuentos mientras mi esposa me mira risueña y prudente, platicamos de mil cosas y es difícil que se nos vaya una tarde sin un beso, un abrazo, un consejo,… Tengo tanto que agradecer a mi padre, que desde este pequeño papel le dedico el mejor de los deseos: “Que Dios lo tenga en su gloria padre mío”. TrackbacksWeblogs that reference this entry
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