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TAVOTAVO Por: Alejandro Ortiz Martínez Edupax@hotmail.com
¡Pero esto es el colmo niño! ¿No sabes leer? Aquí dice, mira, lee lo que dice aquí, mira, ¡ENCIERRA CON ROJO! ¡ENCIERRA CON AZUL! . -- Y él, había encerrado todos ¡sin siquiera leer las instrucciones! ...
... El niño trataba de decirme algo pero, yo, lleno de ira repentina no le daría ninguna justificación a tanta torpeza; No, en ese momento todo mi ser estaba concentrado en regañar, en atacar ese algo nocivo, en dar una buena sacudida a mi alumno y ubicarlo, hacerlo reaccionar de una buena vez; ¿No era ya suficiente? de AZUL los nombres propios y de ROJO los nombres comunes, la instrucción era muy clara y, estuvimos varios días tratando este tema, varios ejemplos, tareas, trabajos del libro, y… ¿me sales con esto? ¡TODOS ENCERRADOS A LÁPIZ!, pues, ¿qué tienes en la cabeza? — A ver, ¡a ver todos! ¡silencio!.
El tiempo se detuvo, parecía que en aquel helado silencio y profunda expectación podían incluso contarse los microsegundos, y, fue en el inicio de ese preciso momento en que, COMO PUNTA DE LANZA llegaron ante mi mente varios sucesos con este niño; Trabajos deficientes, sus tareas a medio terminar y con manchas de grasa o de mugre, su cuaderno sin las pastas de cubierta, o, aquella ocasión en que me di cuenta que no trabajaba en clase porque, según él, “su lápiz no tenía punta ”, y aquella vez en que se durmió en plena clase. Esto no puede seguir así –pensaba yo- no lo puedo permitir, de seguir así, alguien va a seguir su mal ejemplo y, a estas alturas no debo descuidar el mínimo detalle de mi grupo, ni entretenerme en un alumno que “de por sí desde cuando he “marcado” como niño deficiente, potencialmente candidato a repetir año”…
Aún no me explico porqué, en esa misma fracción de segundo en que mis ideas revoloteaban furiosamente, detrás de éstas vino un pequeño destello de luz clara y aturdidora que hubiera parecido un momento mágico, increíble, algo parecido a la toma de una fotografía en que “capturas la imagen de un monstruo horrendo y peligroso”. Destello que, aún con mis dudas de reserva me hizo bajar la voz y, acercarme al niño a grado tal de tener su carita de asustado frente a la mía y decir; dime, Gustavo, ¿cómo pensabas cuando contestaste de esta forma?.
El inocente niño, mirándome a los ojos con sus pupilas brillantes y oscuras como sus hirsutos cabellos, con voz apenas audible alcanzó a expresar: “maestro, es que no tengo pinturas, pero, mire, lo que va de AZUL lo hice con lápiz mas fuerte y lo de ROJO lo hice con lápiz mas delgado, “” mire””, a éstos les pasé el lápiz varias veces…”.
— Hoy, que han pasado varios años, aún veo a mi amigo TAVO, de vez en cuando llegamos a platicar. Él no sabe que cambió mi forma de vida y que gracias a él, en aquel momento mágico aprendí a ver la vida como cuando era niño y que había olvidado conforme el mundo material había empañado mi vista.
Desde entonces, hay un secreto en mi trabajo y que es la clave de mi felicidad y la de mis alumnos: “Hay un potencial que podemos –aprender- de ellos, SOLO HAY QUE DEJARLOS EXPRESARSE, APRENDER A VER Y SABER ESCUCHAR”. TrackbacksWeblogs that reference this entry
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